Nos resultan muy familiares las reivindicaciones de sectores de la sociedad exigiendo libertad para “sus presos”. El lema que suele presidir dichas manifestaciones es: “presos a la calle”. El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús reivindicando la libertad para los suyos y para todos aquellos que quieran hacer causa con su manera de entender la vida, los valores y la misma identidad del ser humano.
El comienzo del evangelio de Marcos no puede ser más claro en su declaración de intenciones: presentar a Jesús, no sólo como una persona buena, un elocuente orador o un vendedor de promesas, sino, sobre todo, como un LIBERADOR de ESCLAVITUDES.
Desde siempre, los humanos experimentamos con mayor o menor lucidez la dureza de nuestras cadenas, externas algunas, internas muchas. Fue precisamente este hecho tan evidente el que despertó la conciencia mesiánica de Jesús. Su irrupción en la sociedad de su tiempo responde a lo anunciado por Isaías: “..he sido enviado para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad”. ¿Quién es Jesús para mí: un amiguete bonachón?, un paracaídas para mis momentos de vértigo? o un artífice de mi libertad interior y de mi plenitud humana?
Estamos en el primer día de actividad de Jesús. Su primer contacto con la gente tiene lugar en la sinagoga. Es un signo de que la primera intención de Jesús fue enderezar la religiosidad del pueblo que había sido tergiversada por una interpretación opresora de la Ley. Por dos veces en el relato se hace referencia a la enseñanza de Jesús, pero no se dice nada de lo que enseña. Se habla de sus acciones. Y esto es lo que Jesús hace: liberar a un hombre de un poder opresor, el espíritu inmundo (contrario al espíritu santo).
La clave es que Jesús libera cuando habla y cuando actúa. La Buena Noticia que anuncia Marcos, es la liberación en dos sentidos: liberación de las fuerzas del mal (espíritu inmundo); y liberación de la fuerza opresora de la Ley, explicada de una manera alienante por los fariseos y letrados. La intención de Marcos es que la gente se haga la pregunta clave: ¿Quién es Jesús? Lo que acabamos de leer y todo lo que sigue en este evangelio, será la respuesta.



