La mano en el arado
Amigos, aquí hemos estado, sí. Con la mirada atenta, con la palabra tensa. Sin volver la vista atrás. Solo los nostálgicos se aferran al pasado. Jesús lo sabe muy bien: No se puede surcar la tierra embelesados en lo arado.
Hoy, final de mi labor, contemplo con gozo la humilde perseverancia que estas líneas testimonian. Sin orgullo, con nieve aún, he concluido una experiencia, animado por Rafa.
- “A ti te gusta mucho escribir, ¿a que sí?”-. ¡Qué ingenuos! Me imagino que todos experimentamos la misma sensación. Escribir es observar, es esperar, es callar, es sentir… Recuerdo a este propósito unas líneas de Juan Ramón Jiménez en “Platero y yo”. Dice él: “El arado va, como tosca arma de guerra, a la ardua tarea de la paz, Platero”. ¡También! También la palabra se convierte a veces en “tosca arma de guerra”. Mas en ella va envuelto su consuelo, tantas veces ocupada en “la ardua tarea de la paz”.
“Mi paz os dejo, mi paz os doy”. ¡Qué fortuna tan inmensa si mis palabras han proporcionado a alguien alguna esencia de paz! Aunque un día Jesús dijera “no he venido al mundo para traer la paz sino la guerra”, todos entendemos la tensión vital que de nosotros exigía con esta severa afirmación.
Como hijo de la paz, he buscado siempre el abrigo en las palabras. He dedicado ocasos, otoños, inviernos, amaneceres a esta “ardua tarea” con el fin de dar a la luz un poquito de Luz. Sabiendo que Él es la Luz, y con la seguridad de que seguiréis estando iluminados por su llama, os dejo –espero- serenos, a la puerta de su casa, esperando que Él llegue y os salude con su dulce brisa… A todos vosotros, queridos lectores, que os habéis fiado de mis palabras sin sospechas de hastío, confusión o aburrimiento, mi más cordial saludo, a la vez que mi eterna gratitud. ¡Que Dios os bendiga!
Add comment 28 de Junio de 2010
La Vida – 12º Domingo Ordinario
“De vez en cuando la vida”… A ella, con razón, le pertenecen las expresiones más ricas y abundantes que aplicamos a nuestros seres queridos: “Mi vida, cariño, mi amor”, y otras semejantes. En estos casos nuestra vida se funde y confunde con el ser que queremos. Esta misma sensación manifestamos en nuestras afirmaciones sobre Dios ya sea en tono cariñoso ya en forma aseverativa como esencia y sentido de su ser.
Me admira la gran sensibilidad que nos muestran en este sentido los salmos. Son infinitas las expresiones de glorias y alabanza a la creación –cielos, mares, valles, colinas, lluvia, rocío…-, himnos poético-religiosos entonados en honor del Creador como dueño y señor de la vida.
Sintonizo y gozo con infinidad de santos que, inspirados por el Espíritu de Dios, hicieron de su vida un canto al Dios de la vida. Los peces, los bosques, las nieves, las flores fueron para ellos el rostro más bello de su Dios. San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Asís y muchos más, nos expusieron –intuyeron- el rostro más hermoso de Dios como pastor que cuida, jardinero de la tierra, fuente que mana, fuego que abrasa…
¿Y qué decir del buen Jesús, hermano de caminos, labrador de silencios, parábola de viñas, pastor de almas, observador de higueras, providencia de lirios y gorriones? ¡No entiendo el rigor de tantos santos, teólogos, moralistas, cristianos de a pie que se empeñan en mostrarnos un rostro severo, distante y frío de Jesús! ¡Creer es amar, confiar, elogiar, esperar, compartir, engendrar, descubrir, disfrutar!
En esta última página del presente curso –humilde clamor de un cristiano de a pie- me parecía obligado deciros que creo en el Dios de la vida. En el Dios que crea y se recrea; creo en el Dios del cielo, más aún en el Dios de la tierra, en el Dios el pasado, en el Dios del presente, en el Dios futuro –Dios es eterna presencia-. Creo en el Dios de los niños a quien llaman Padre (no es que Papá sea irrespetuoso); creo en el Dios de los que crecen descubriendo las orillas y esencias de las cosas; creo en el Dios de los humildes y callados; creo en el Dios de los artistas y poetas; agradezco el Dios que nos presentan muchos teólogos; creo en el Dios humano y sencillo, en el Dios de los ateos y los mansos…
Y, como señal de agradecimiento, -entre otros- os remito al salmo 83: “Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo”. Si lo rezáis entero, mucho mejor. ¡Gracias!
Add comment 20 de Junio de 2010
LA LUZ
Dudo que seamos justos con la luz. Con la Luz de Dios, con la luz del día, con la mente preclara de tantas personas… La luz es hermana del amor y la esperanza. La luz es norte y guía. La luz es camino y senda, presencia y seguridad.
-¿A que no sabes, tío, cuál es la mayor maravilla del mundo? –me preguntaba de niño mi sobrino Víctor-. Y, al momento él mismo me respondía: ¡La luz, tío!… ¿Lecciones de niño? ¡Falta nos hacen! Ellos son la ingenuidad y trasparencia que nos queda en este mundo convulso, oscuro y gris. Y digo “este” refiriéndome al espacio de hastíos y costumbres en el que se mueven muchos adultos.
Ignoro el autor de esta hermosa idea: “Dios es la eterna noticia”. Él aclara nuestros surcos, Él abre caminos en nuestros valles oscuros, Él nos pasa indulgente todas las noches la página en la que no hemos sabido dibujar ni escribir. ¿Noticias? ¡Me aturden los espacios televisivos sobre información, las obsesiones de muchos por pasarse la vida pendientes de la “última noticia” en Internet, búhos daltónicos, voraces aves rapiñas!
En este tiempo, en este junio, me quedo con la luz. Con la luz que estalla en el fuego de las amapolas, con la luz que Dios trasmite a quienes lo buscan en su noche oscura, con la brizna de luz de las luciérnagas, con la rendija de luz que me llega desde el techo. Con el beso que calienta mi mente… No me resisto –una vez más- a los versos de Rafael Alfaro “Ponme un beso en la frente”:
“Todo es noche. Parece / que todo el día es noche. / Pero crece una luz cual si brotara / de mi frente, al sentir en ella, dulce / la explosión de los labios. ¿O era una / rosa que se encendía? ¿O era una / estrella que nacía de mi piel?”
¡Ay, estos poetas, que escuchan la musicalidad de las palabras! ¡Ay, estos poetas, piedad y clemencia de nuestra torpeza! ¡Ay, estos poetas que nos van alumbrando con el candil de sus palabras los misterios de la vida y de su luz! Me voy con ellos. ¡Seguro que me regalarán alguna perla azul dormida en el rocío de junio!
Add comment 11 de Junio de 2010
CORPUS CHRISTI
Toledo, Sevilla, Las Palmas… La festividad del Corpus tiene identidad propia. Mas… ¿cómo conformarme con las declaraciones de interés turístico y nacional de nuestros entrañables políticos y allegados? Aunque os parezca irreverente, me quedo con las humildes procesiones –Octavas- de los pueblos de nuestra geografía en los que la amapola, las rosas y el espliego cubren sus calles al paso del Santísimo.
Aún recuerdo la anécdota de posguerra en la que el sacerdote sacaba de los bares a sus clientes cuando se acercaba la procesión a su altura… Pero, sin duda, lo más entrañable que he vivido corresponde a mi infancia: ramas de chopo, azucenas, pétalos de rosa y clavelinas azules alfombraban el suelo polvoriento de mis calles. Dentro, en el fresco calor de mi iglesia, los niños de la escuela (entonces no existía esta catequesis empobrecida de nuestros días) recitábamos versos eucarísticos al Santísimo. Además, y valga la razón, El Corpus se celebraba en Jueves, si es que este dato ofrece fuerza y fervor a mi recuerdo. Enriqueciendo aún más esta celebración, en varios lugares escogidos se preparaban sencillos altares donde el pueblo se postraba reverente cantando, mientras los mozos tocaban en el cielo las campanas.
Sin más detalles, hagamos honor también a nuestro tiempo, a nuestros pueblos, a nuestras parroquias, a nuestros altares y adoraciones personales en las que Jesús Eucaristía ocupa el lugar central de nuestras vidas: plegarias, fervor, servicio, fraternidad, silencio, meditación… son algunos de sus más íntimos encantos. ¡Sin ruidos, sí, sin bandas de música, sin dulzaina, sin gaita y tamboril!
¿Íntimos encantos? Es obvio. ¿No es esta la dimensión hacia la que nos proyecta la Eucaristía en nuestros días? No hay eucaristía sin participación, sin comunidad, sin sacerdote, sin mesa o altar, sin fieles, sin Jesús ni ofrendas… ¡Y un Padre que acoge benigno Nuestra Plegaria! ¡Qué bien nos vendría perder un poco el sinsentido de “fiesta” (aparato externo, interés turístico y nacional) y recuperar el auténtico sentido de encuentro en la Plegaria y la Fraternidad!
Siento que nuestros niños (familias más bien) hayan perdido este sentido comunitario con motivo de su Primera Comunión, tan poco íntima, tan externa y circunstancial. ¿No debería darse otro realce a este empobrecido (enriquecido) sacramento? ¡Con lo rico que estaría el chocolate y el pan en una mesa sencilla, decorada con alguna rosa, con alguna ramita de romero, con alguna cestita de cerezas, ahora que la huerta nos regala su riqueza y esplendor!
Add comment 6 de Junio de 2010
EL TIEMPO ORDINARIO
¡Cómo cambia el significado de determinadas palabras con el tiempo! ¡Con el tiempo, sí! Curiosamente EL TIEMPO ORDINARIO –litúrgicamente hablando- también corre el riesgo de verse afectado por el deterioro en su uso. Hoy “ordinario” es para muchos sinónimo de vulgar, burdo, torpe… ¡que nada tienen que ver con la expresión litúrgica –ciclo, mejor- de la Iglesia!
Navidad, Epifanía, Cuaresma, Pascua, Pentecostés tuvieron su ciclo de espera, de gloria, de canto y esplendor. ¿Cómo vestir, cómo decorar el Tiempo Ordinario que ahora iniciamos? El color verde elegido es sobrio y elocuente. ¿No será este color, en el espíritu de sobriedad y adustez que a algunos acompaña, el signo más adecuado a su fe?
Lejos del mismo queda el color gris –ausente en nuestro vestuario religioso- el cual contagia y expresa la vulgaridad y trivialidad de la vida: sin canto, sin color, sin expresión, sin ilusión ni dinamismo. ¿Quién no recuerda a este propósito el precioso cuento de Fernando Alonso “El hombrecito vestido de gris?
En nuestra Iglesia universal sigue habiendo muchos cristianos de “diario” cumplidores, fríos, de eterno traje gris, ajenos a todo canto y campana, rigoristas hasta el hastío, capaces de cambiar el semblante y la mirada a la menor fiesta o intento de realce y expresión…. ¡No es este el espíritu del Tiempo Ordinario de nuestra liturgia! Guiados por María, cuyas “flores” celebramos, renovemos nuestra fe con su brisa y humildad, con su frescura y sencillez. A ella, con el deseo de embellecer este tiempo (ordinario) nuestro, le dedicamos estos versos de Rafael Alfaro titulados “Tallada en madera”:
Veo tu rostro anclado en la madera,
Clavado en la sonrisa,
Como intentando hablar.
Callada, me insinúas:
-Lo mío es el silencio,
Es asumir en mí todas las cosas
Para darlas a luz…
“Dar a luz”… No es cuestión exclusivamente maternal. Es cuestión de escucha, acogida, concepción, alumbramiento… ¡Tal es la tarea de quien vive, de quien piensa, de quien espera y ama!
Add comment 1 de Junio de 2010
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Entiendo que los acontecimientos pascuales –razón de nuestra esperanza y alegría- van llegando a su término, litúrgicamente hablando. Entiendo asimismo que la propuesta litúrgica acerca de dichos acontecimientos y experiencias nos deja, año tras año, un hermoso bagaje espiritual. La Pascua es el tiempo privilegiado que corona las expectativas humanas e impregna nuestra fe de un futuro esperanzador.
Hoy contemplamos a Jesús, rodeado de los suyos, ascendiendo al cielo: “Y mientras les bendecía, se apartó de ellos y fue llevado al cielo”. Ellos, después de adorarle, volvieron muy contentos a Jerusalén”. Pudiéramos decir que la Ascensión de Jesús es el momento de la transmisión. En medio de promesas y bendiciones, Jesús cede definitivamente el testigo a sus discípulos –iglesia naciente- que se dirigen contentos a ejercer su ministerio en el templo, alabando a Dios.
Promesas, bendiciones, alegrías… Esta es el contexto en el que llega a nosotros la fuerza del Espíritu Santo: “Yo enviaré sobre vosotros lo que mi Padre prometió”. Con su presencia aquella primera iglesia se dispone a iniciar su andadura impulsada por el Espíritu. Ilusionada y fortalecida, la Iglesia sale de su cuna –Jerusalén- trasladando el mensaje de Jesús a la geografía humana más próxima a su propia tierra.
Se ha repetido muchas veces que “El Espíritu Santo es el gran desconocido de la Iglesia”. Los mismos símbolos de su persona –de su presencia- han permanecido siempre menos enriquecidos en su modo de representación. Fuego, Viento, Paloma… no dejan de ser elementos –si bien my elocuentes- descarnados. Dios es Creador y Padre; Jesús es El Hijo, El Amado; mas el Espíritu Santo no llega a tener rostro humano en nuestra fe, aun siendo persona y realidad divinas (Protector, Defensor).
A modo de síntesis, os recuerdo que es Jesús quien nos muestra su rica esencia atribuyéndole todo poder. Asimismo la liturgia colma su SER otorgándole en sus himnos atributos de la más rica y honda significación:
Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Mansedumbre, Bondad, Benignidad, Longanimidad, Fe, Modestia, Templanza, Castidad. De igual manera sus dones: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios nos garantizan la comunión, como decimos en el saludo de la Eucaristía: “Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo”…
Add comment 14 de Mayo de 2010
PLEGARIA A LA VIRGEN DE LA PASCUA (6º Domingo Pascua)
Al fin llega a ti, Virgen de la Pascua, nuestro canto. ¡Cuántas veces soñé, -literariamente hablando- que llegara a mí tan dulce título, pedestal de mi fe! Ha tenido que ser en esta fecha –mayo florido y frondoso- la que me despertara del tedioso sueño de la monotonía.
Ahora sí. Ahora, Virgen de la Pascua, abres a tus hijos el jardín de tu vida y tu esperanza. ¡No! No es que mi Pascua esté agonizando, pero comenzaban a llegar a mi playa tan solo las briznas de aquel vivísimo fuego de la Pascua.
¿Cómo no alentar de nuevo contigo, Virgen de la Pascua, mi lumbre y su rescoldo? Hoy, primero de mayo, quiero sentarme en la misma piedra de mi infancia. ¿No recuerdas mis descansos cuando acudía a ti niño desde mi pueblo, Virgen de la Encina? Aún recuerdo la emoción que me produjo descubrir, junto a la carretera, tu nombre “Santa María del Invierno”… Hoy, en cambio, me quedo contigo, Virgen de la Pascua.
¡Cuánta necesidad tiene hoy mi cuerpo entero de tu fortaleza y tu silencio! ¡Cómo no recordar aquel callado arroyo que soñaba con el río Burejo! ¡Cómo no encender mi gozo en el pórtico románico de Moarves, mesa dorada de Jesús y tu familia? Juan, Pedro, Felipe, Santiago, Bartolomé… ¡Cómo no hacer mención de ti en el Arroyo de San Andrés (San Andrés de Arroyo, para entendernos), humilde valle en el que duerme un monasterio de paz y silencio! Tú, Virgen de la Pascua, siempre fuiste piedra románica tallada en la adustez y fortaleza.
Si no es irreverente, Virgen de la Pascua- “mi cuerpo” es mi ansia y mi deseo; mi cuerpo es mi alma y mi anhelo, mis sueños, mis fatigas, mis sudores y desvelos… Ya sé que solo es sombra y aroma de flor de encina. Ya sé que en mi camino no florece embriagador el azul del romero. Ya sé que las nubes cubren mis ojos y abajan tu cielo…
Vuelvan en mayo a mí el vino y las flores, las amapolas, las azulinas del trigo, las campanas blancas, Virgen de la Pascua. ¡Vibren con su fervor las ermitas, las romerías, los peregrinos, sus cantos, las procesiones! ¡Viste a tu niño de fiesta, con su túnica larga, con sus sandalias de oro, con sus manos abiertas, con sus ojos despiertos! Y, a nosotros, que reímos y gemimos en este valle de rosas y lágrimas, regálanos tu mirada y tu bendición.
Julio Martín
Add comment 8 de Mayo de 2010
UN MANDAMIENTO NUEVO – V Domingo Pascua
-“Yo ya soy mayor, y vosotros también, ¿verdad, niños? –les confesé ayer a los niños en el oratorio de la mañana… Naturalmente ellos respondieron que sí, que “ellos también eran mayores”.
Pues bien, ahí estamos: en la mayoría de edad, de ritos, de vivencias, preceptos y costumbres. ¿Quién iba a pensar que Jesús perduraría en su mandato hasta nuestros días?
-“Os doy un mandato nuevo”… -nos dijo- sin que pasado tanto tiempo siga siendo tan urgente su necesidad y cumplimiento. Ignoro si semejante precepto es también motivo de exhortación y deseo en otras religiones. Lo cierto es que difícilmente se cantará con mayor entusiasmo y fervor semejante mandato.
¿Hacemos recuento? Horas santas, horas eternas, hogares calientes, corazones en fuego, miradas tiernas, manos apretadas, pies ligeros, palabras fervientes, poemas sin desaliento, madres exhaustas, hijos adorados, claustros de adoración y silencio… ¡Todo un altar de pan y ofrendas en aras de este cumplimiento! ¡Quién diría que después de tantos siglos de vela y misión seguiría tan agresivo y frío el corazón de la humanidad!
Bien es cierto que han cedido determinadas guerras y modos de persecución y martirio, mas la sangre y la venganza siguen haciendo estragos en la crónica de nuestros días. Del pequeño pueblo, apretado en torno a una plaza con iglesia y ayuntamiento, hemos pasado al crecimiento desmedido de ciudades aparentemente hospitalarias… ¡Nada más lejos de la proclama! Nuestros hogares, altos y apretados, repletos de modernidad y progreso han enrarecido el ambiente humano y la cordialidad. Nuestras propias iglesias se han enfriado, sin apenas más comunidad que la de un pequeño grupo de nostálgicos tristes y desencantados.
¡Es curioso! Aunque no vivimos un momento muy feliz en el campo de la filosofía y la teología, levantamos la mirada airosos, seguros de estar en la cumbre de la historia en cuanto al pensamiento y la verdad. Tratamos de ser honestos, multiplicamos nuestras oportunidades de encuentro, hablamos quizás más que nunca, mas nuestros foros y fiestas están llenos de convencionalismos, mentiras, intereses y conveniencias.
Ni las religiones orientales, ni la nueva energía que se trasmite a caudales en ámbitos jóvenes, ni el estilizado y sobrio zen, ni los movimientos más retros (tentación y salvaguarda del complejo de culpabilidad y temor) han proporcionado el brillo
Add comment 1 de Mayo de 2010
Pastores – IV Domingo Pascua
No es muy bucólico nuestro paisaje en estos días… La misma imagen, evocada por Jesús en varias ocasiones, apenas tiene hoy vigencia alguna en el sentido “profesional”. ¡Apenas produce ganancias este modo de explotación del ganado! Hoy se impone la estabulación, unos medios eficaces, una reducción de espacio, una innovación en su modo de alimentación…
Naturalmente Jesús nos muestra una imagen “pastoral” -¡valga la redundancia!- en la cual se nos quiere dar a entender la estrecha relación que existe entre él y los suyos: cercanía, trato, seguimiento, disponibilidad, reconocimiento… ¿No os parece que semejantes actitudes merecen aún hoy una imagen semejante?
¿Qué sería de muchos cristianos si no tuvieran a alguien a quien mirar? Hay una hermosa canción infantil que no me resisto a copiar una vez más. Dice así: “Me cuida y me protege; me lleva de la mano siempre cuidando mis pasos todos los días de mi vida”… ¡Tu hijo/a, tu nieto/a te la pueden enseñar!
“Os daré pastores” –dijo el Señor-. Ellos os proporcionarán pastos ubérrimos; os conducirán por valles y oasis aliviando así vuestra hambre y vuestra sed…
¡Aún recuerdo con emoción la estampa de mi casa, allá por los años cincuenta, cuando “mis cinco hermanos de escuela” esperábamos ansiosos la confirmación de la llegada a casa de un pastor! Era el señor Tonino, un señor afable, un poco mayor, curtido por el tiempo y los inviernos en una soledad casi permanente. Cada tarde, al atardecer, le dejábamos el botijo con agua fresca de la fuente, mientras él –como premio- nos dejaba acariciarlas y darles un pellizco de pan a los corderos…
El señor Tonino no iba apenas a la iglesia. Decía que tenía el techo muy bajo, al lado del cielo tan alto en el que él cuidaba a las ovejas. En fin, Dios le tenga en su gloria, al frente de un pequeño rebaño, como el que cuidó aquí, en la tierra.
Julio Martín,cmf
Add comment 23 de Abril de 2010
PASCUA DE RESURRECCIÓN
Ni en la música, ni en la literatura, ni en la imaginería religiosa tiene parangón la Cruz con la Gloria y la Resurrección… Uno que viene de celebrar la Semana Santa con el pueblo, cae en la cuenta del breve discurso que tiene la mayoría de los cristianos cuando se le invita a compartir –a hacerse eco- de su experiencia pascual. ¡Y eso que todos estamos por la vida! Es más, hay un dicho muy expresivo, aplicable perfectamente a este contexto: “Yo estaría dispuesto a dar la vida por la vida”…
Perdidos en argumentos históricos y sensoriales, muchos cristianos no son capaces de superar la torpe ceguera de Tomás. “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y no meto mi dedo en ellas, y mi mano en su costado, no lo creeré”. ¡Mira que corremos en busca de creencias exóticas, medicinas extrañas y falacias perogrullescas con el pretexto de conseguir un poco más de belleza, sosiego, optimismo…!
- Mire, D. Julio, este aceite, si se tiene mucha fe, hace verdaderos milagros”-, me decía hace unos días una buena mujer-. Personas que no saben arrodillarse, ni hacer la señal de la cruz al entrar en la iglesia, ni guardar un instante de silencio, van ciegas hacia cualquier signo superficial que huela a superchería o curación (cera bendita, agua de Sábado Santo, frutos de la consiguiente ofrenda…)
El testimonio de las personas allegadas a Jesús es realmente explícito, firme, atrevido, gozoso, desafiante, renovador, dinamizador… ¡Hemos visto al Señor! –le anuncian los discípulos reunidos, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Si bien es breve el texto evangélico referido a la Resurrección en todos los evangelistas, su intensidad y viveza, a la vez que el primor de sus distintas apariciones y encuentros compensan sobradamente el ANUNCIO Y EL TESTIMONIO DE LA RESURRECCIÓN. ¿Manifestaciones? Se embellece el rostro de los discípulos, se llena de ternura y vivacidad el sobresalto de aquellas benditas mujeres, se encaran con quienes ocasionaron su muerte, regalan gestos milagrosos a la puerta del templo, le invitan a Jesús a quedarse con ellos “porque ya es tarde y se va haciendo de noche”…
En fin, si queréis disfrutar de alguna cita evangélica, no dudéis en elegir la frescura del texto que os indico: Lucas, 24, 13-35. Subrayad cuanto os sorprenda, detened vuestra lectura en cada paso, sentaos a la mesa para compartir con ellos el Pan…
¡Ah! Y procurad celebrar la alegría del Resucitado contemplando el Cirio, el Agua del Bautismo y todos aquellos sacramentos o símbolos propios e la Pascua.
Julio Martín
Add comment 8 de Abril de 2010


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