Blog dominical de la parroquia Corazón de María de Gijón, Asturias

¿Qué buscáis? (Jn 1,35-42)

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Conocer no es únicamente “saber”, si este saber significa olamente “tener conocimientos”. ¿Cómo conocer a alguien –cómo conocer a Jesús- si no es a través de la relación y el trato? El conocimiento verdadero está hecho de contacto, comunión y compañía. Y ése es también el auténtico saber, que no consiste meramente en tener información sobre algo.  Así quiero conocer a Jesús y saberle, de modo que mi vida sepa más a Jesús y Jesús me sepa enteramente a Dios.

José Arregi

Hay  preguntas,  aparentemente  sencillas,  pero con  un  gran  poder transformador,  si  somos  capaces  de  planteárnoslas  con  sinceridad.  Una  de ellas es la que Jesús  dirige a los dos discípulos del Bautista que le siguen:  «¿Qué buscáis?».
Para  nosotros  el  planteamiento  podría  ser  éste: ¿qué  es  lo  que  andamos buscando  cada  uno  tras  el impulso  de  nuestros  esfuerzos,  proyectos humanos, luchas, aspiraciones y  sudores?
En nuestros afanes, ¿buscamos lo que responda a nuestra propia identidad o andamos tras lo mismo que los demás?  ¿Cuál es la última meta hacia la que dirigimos nuestros desvelos?
Probablemente,  algunos  nos  hablarían  de  paz,  de    felicidad,  seguridad, plenitud,  amor,  reconciliación  total.  Los  hombres  somos  un  deseo insaciable de algo que todavía no poseemos. Hay en nosotros algo que puja  por brotar, desarrollarse y perpetuarse con fuerza y para siempre.
Esa aspiración profunda no se sacia con el dinero, con el sexo, con el poder, ni siquiera con el éxito. Siempre hay «un espacio vacío» que nos empuja a seguir buscando.
No deja de sorprender en nuestra sociedad occidental el número de jóvenes y  adultos  que  se  sienten  atraídos  por  las  religiones  orientales.  Hombres  y mujeres  que  buscan  en  la  oración,  el  silencio  interior  y  la  meditación,  una experiencia que transfigure su existencia.  Sin  duda,  se  trata  de  una  reacción  vital  frente  a  una  civilización  que adormece  el  vigor  espiritual  del  hombre,  y  frente  a  una  sociedad  tan saturada de confort, conformismo y banalidad.
Y  los  cristianos,  ¿buscamos  algo?  ¿Qué  buscamos  al  creer  en  Jesús? Ciertamente,  no  es  posible  encontrarse  vitalmente  con  Cristo  desde  una actitud de indiferencia, apatía e insensibilidad ante la propia vida y la de  los demás.

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